¿Por qué se celebra el 2 de junio el Día del Campesino en Colombia?





En 1965, durante el gobierno del presidente Guillermo León Valencia, se estableció que el primer domingo del mes de junio se celebraría El Día del Campesino, que desde entonces ha buscado el reconocimiento de estos hombres y mujeres en el desarrollo económico y en la seguridad alimentaria. Fecha que posteriormente se institucionalizó para conmemorarse el 2 de junio.

Sin embargo, es también una ocasión para establecer un intercambio y un diálogo sobre la historia de los campesinos y de cómo esta ha permeado su cultura y tradiciones, las cuales son parte fundamental de nuestra historia como nación.

Al observar la cultura campesina se puede comprender buena parte del origen del conflicto armado interno colombiano y, en general, de la historia del siglo XX, que tuvo como uno de sus rasgos más significativos las migraciones del campo a la ciudad.

Los campesinos y campesinas son depositarios de unas tradiciones que hablan de todos nosotros y de la memoria histórica como nación. En estas tradiciones podemos reconocer la diversidad cultural, puesto que en las áreas rurales también convergen la población indígena, los y las afrodescendientes, y todas las otras poblaciones que conforman el territorio nacional.

En este sentido, esta celebración es también una conmemoración de la diversidad y la multiculturalidad de Colombia. 

Historia

La historia de las y los campesinos en Colombia y en el mundo ha estado ligada a la producción agrícola, la cual ha determinado a su vez la ubicación geográfica de las familias campesinas y su lugar en la economía nacional. 

Colombia es un país que se ha caracterizado por las bonanzas económicas ligadas a la extracción de algunos productos mineros, energéticos o agrícolas. Estos acontecimientos han determinado en cierta forma el destino de la población campesina y ha sido determinante en la configuración de la situación rural de nuestro territorio.

Desde la producción de quina, algodón, tabaco y caucho, que data de antes de la colonia y se extiende durante el siglo XIX y parte del siglo XX, pasando por las grandes plantaciones de plátano de finales del siglo XIX y parte del siglo XX, hasta llegar al éxito cafetero del siglo XX y los actuales proyectos de producción de palma africana, Colombia ha organizado buena parte de su territorio y su población alrededor de estos sucesos.

La historia de estas bonanzas también ha estado marcada por el conflicto armado interno, siendo uno de los eventos más representativos de la historia de la violencia de nuestro país la llamada Masacre de las Bananeras (1928). 

Este desafortunado evento histórico configuró gran parte de las relaciones conflictivas entre el sector agrícola, el Estado y los terratenientes durante el siglo XX, al igual que se convirtió en referente de los movimientos campesinos que exigían mejores condiciones de vida para ellos y sus familias.

Con la escalada del conflicto armado interno durante los años 80 y 90 del siglo XX, otro fenómeno afectó radicalmente a la población campesina: el desplazamiento forzado. 

Usado como estrategia de guerra por los grupos armados al margen de la ley, ya fueran guerrilla y paramilitares, afectó de manera determinante las zonas rurales del país, obligó a la movilización de la población rural hacia las ciudades y cabeceras municipales y alteró nuevamente el mapa social económico y cultural de la población campesina.

En este sentido, el campesino ha desarrollado su cultura y su identidad como población en un contexto marcado por la violencia rural y la inequidad de oportunidades con respecto a la población urbana. No obstante, esa cultura campesina ha logrado marcar su identidad de manera positiva y resiliente, sin dejar de lado su memoria histórica.

Con la información de MinCultura